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Te desafío a que vivas con todas tus ganas: el poder de cumplir tus metas.

¿Subiste a una montaña alguna vez?

 Al principio estás fresco, descansado, tenés la energía para empezar y te asombrás por la belleza de tu entorno. Hay piedras, ramas, te movés, las esquivás…

De repente, aparece esa voz en tu cabeza. Dale, descansá, no podés más. Te detenés, tomás agua, uff! que lindo. Pero no viniste hasta acá para quedarte ahí, tenés que seguir.

Esa voz, aparece más seguido, y si le prestás atención tus piernas duelen más y la pendiente parece más pronunciada. Mirás para arriba y se te hace un mundo llegar hasta tu meta.

Claro, esto te sucede especialmente si no estás preparado, si tenés un estado físico común y no te dedicás a subir montañas 😀

Lo que te cuento me pasó muchas veces, he llorado, me enojé con Marcos por haberme propuesto ir ahí, me preguntaba por qué me metí en eso si hay lugares tan lindos más cerca. Que hace calor, que no puedo respirar, etc.


La secuencia del proceso interno

Primero: Me doy cuenta de que sólo hay dos caminos: O bajar o seguir subiendo. Y los dos me parecen problemáticos.

Segundo: En ese momento, en el más álgido, es cuando me doy cuenta del engaño en el que caí. Me creo víctima, y desde ahí, no voy a tener buenos resultados.

Tercero: Tomo la decisión de cambiar de mode, respiro hondo y paso a paso, continúo la marcha, concentrándome en la meta (en cómo me voy a sentir cuando llegue) y disfrutando cada paso.

Cuarto: Ahí aparecen los regalos de la presencia. Una flor increíble, el vuelo de un ave majestuosa o la vista de los árboles otoñales coloreando el paisaje.

Verás que no consideré la opción de bajar. Bajar no era opción, me hubiese sentido muy chiquita, hubiese estado en falta conmigo misma y con el objetivo que me puse.


EL PODER DE CUMPLIR TU META


Cuando seguís y vas más allá de tus límites, disfrutás del camino, hacés que tu cuerpo te haga caso y le demostrás a tu mente que mandás vos… ¡Ese poder! ¡Esa libertad! Es la mejor recompensa por haberte desafiado.

Y al llegar a la cima, mirás el camino que venías recorriendo, observás tu entorno, la naturaleza, el lugar que te recibe… Y, recordás que hace sólo un rato pensabas en desistir o llegar allí y descansar, te sorprende tu energía renovada, tus ganas de explorar y conectarte con el lugar.


Todo ese proceso, ese combate, es el mismo para cualquier meta. Sólo cambia de forma.

Generalmente, también se empieza con entusiasmo, y en el camino puede que dudes de vos mismo, de tu capacidad. Quizás lo polarizás afuera y aparecen otras personas mostrándote tus miedos.

Y ahí te probás. ¿A quién le haces caso? ¿a qué le das valor? ¿Cuán comprometido estás?


¿Qué sentirías si fueras para atrás en tu decisión?

Creo que es peor bajar los brazos, que enfrentarte a tu miedo.

La sensación de “podría haberlo logrado, pero no lo hice por miedo o porque me lo dijeron” es horrible. Aunque lo justifiques de mil modos, esa sensación es una de las más frustrantes.

Y hay algo que aprendí: cuántas más experiencias vivas tenés, más historias tenés atesoradas. Todo eso que contás y te hace brillar de alegría, es porque lo viviste con ganas.


O vives o pasas por la vida


Te desafío a que vivas con todas tus ganas. Experimentá, ayudá a otros. Probá sabores nuevos, hablá con gente nueva, anímate a tocar ese instrumento que te encanta, saltá, volá, viajá, conocé.

Te lo digo y me lo digo, porque a veces es más cómodo quedarse en lo mismo de siempre.

Y no digo de hacer locuras, o sea, si tenés ganas de hacer bungee jumping hacelo. Pero yo hablo de comprarte ese libro que te encantaría leer y no lo ponés como prioridad, o ese té o café que siempre quisiste probar, hace una clase de algo que quieras aprender, planteate un proyecto nuevo. Hacelo con intensidad.


Y cuando te plantees metas, comprometete. En el camino aprenderás de vos mismo y cuando lo logres, tendrás la mejor recompensa, el poder que te da cumplir tu palabra.

Te deseo que cada día tengas algo más para anotar en el libro de tu vida.

Que no sea un nací, crecí, morí. Ponele color, entusiasmo, incluso aunque te creas la persona más aburrida.

¿No se te ocurre qué hacer? 

Probá dándole una mano a alguien.

Generá sonrisas, alegrale la mañana a esa compañera de trabajo que estrena la maternidad y no durmió, regalándole un rico café…

¿Sabés que a alguien le encanta la comida que hacés? Hacete demás y llevale un tupper con tu delicia.

Hay hermosos ejemplos:


¿Cómo creés que se sintieron estas personas después de semejante regalo?

Estoy cansada de ver zombies quejosos... hacé algo distinto y obtendrás resultados distintos.

Hay un problema en común en la mayor parte de las personas. Este es: que se creen que sus problemas son los peores y se hacen la cabeza justificando su insatisfacción. Y luego no hacen algo para mejorar o transformar el asunto.

Entonces en ese ombligocentrismo, se quejan y malgastan su energía en eso, ensombreciéndose.

¿Qué sucedería si usaran toda esa energía con la que se quejan tan efectivamente, en algo positivo?

Wow, me imagino que el mundo sería mucho más hermoso y feliz.

Te propongo que te evalúes ¿Estás viviendo la vida? O la estás viendo pasar como espectador.

Y prueba vivir esta semana con intensidad y sin quejas. ¿Dificil? Sí. ¿Simple? Muy.


Sólo elegí VIVIR

En la situación ¿me quedo cómodo o voy más allá de mi comodidad? A veces ir más allá de tu comodidad también puede ser decir que no a una reunión social de las que vas siempre, y disfrutar en plenitud quedarte en pijamas en tu casa haciendo todo eso que nunca te permitís hacer.

No tiene que ver con la forma, porque lo que a uno le resulta lo de siempre, para otro puede ser un momento único. Sino con el enfoque que le das a lo que haces en tu vida.

Creo que tiene que ver con eso de no ser tibio. Viví con ganas, con amor, con entusiasmo, con generosidad, y plenitud.

No te guardes eso que querés vivir hace tanto tiempo para otro día, porque ese otro día quizás nunca llegue.

Subí la montaña, y cuando quieras decidir que no podés más, pregúntate qué sensación vas a tener cuando en 1 año lo recuerdes.

Si sumas muchos me animé, lo hice, lo probé, me gustó más por esto y menos por lo otro… Te aseguro que te sentirás mucho mejor, tu vida será más rica, que si te quedas con podría haber sido, pero no tuve la fuerza o el valor, no me jugué, no dí todo de mí.

Y contame ¿Cuál es tu decisión? ¿Vas a vivir la vida? ¿O vas a pasar por la vida?

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Autora: Victoria Jué

Soy mamá emprendedora, amo viajar y estoy completamente segura de que todos podemos vivir una vida acorde a lo que queremos, sólo hay que decidirlo. 


Estoy Felizmente casada con Marcos, con quien creamos Enciende Tu Faro y tenemos dos hermosos niños: Julian y Tahiel.


Te regalamos esta guía gratuita con la que podrás dar los primeros pasos hacia la vida que deseas.


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